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David Hume

 

Dejo aquí este buen artículo aparecido en El País acerca de la curiosa historia del científico James Fallon y el “gen guerrero”, del que es portador. Por otro lado, las fotografías enlazan con el genial y macabro blog Tejiendo el mundo, donde aparece la historia de cada asesino:

En la mente criminal

El carnicero de Rostov

El carnicero de Rostov. Sólo mataba mujeres y niños, cuyos cuerpos violaba y mutilaba. A veces se comía las vísceras.

LUIS MIGUEL ARIZA 29/01/2012

Publicado en El País

Fríos hasta un grado inhumano, egocéntricos, sin empatía ni miedo al castigo. Así son los psicópatas. En los escáneres de sus cerebros, dos zonas aparecen intrigantemente ‘apagadas’. Hablamos con dos investigadores obsesionados con lo que sucede en las neuronas de quienes guardan entre ceja y ceja un cóctel explosivo de violencia.

Durante más de trece años, el neuroanatomista James Fallon ha escudriñado los escáneres cerebrales de psicópatas y asesinos en serie para encontrar en qué difieren sus estructuras cerebrales de las nuestras. El azar ha querido que Fallon se topara con un hallazgo que ni él mismo podría sospechar en un millón de años: su propio cerebro posee todas las cualidades que se esperan de una mente criminal.

En sus cerebros, Fallon vislumbró un patrón, halló dos áreas alteradas: la que se encarga de la moral y toma de decisiones, y la que procesa las emociones

Entre sociópatas y psicópatas, el profesor Garrido pone el énfasis en el ambiente, que puede ser el gatillo que acciona un mecanismo que no tiene marcha atrás

Fallon: científico y con cerebro “psicópata”

Fallon no es un neurocientífico del montón. Simpático, extravertido, parece un volcán de ideas cuando habla con entusiasmo de su trabajo. Ha aparecido, representándose a sí mismo, en series de televisión como Mentes criminales, y no esperaba convertirse en una estrella mediática. Como investigador de la prestigiosa Universidad de California en Irvine ha logrado hitos significativos en la investigación del cerebro humano, desentrañando los circuitos cerebrales para la dopamina y las endorfinas -las moléculas que nos causan placer-, o los genes que hay detrás de enfermedades como el alzhéimer y el párkinson.

Fallon fue el primero en caracterizar una molécula esencial para el crecimiento de las neuronas. Formó parte del equipo de expertos que asombró al mundo al demostrar que el mismo cerebro fabrica neuronas nuevas tras el nacimiento -a partir de las células madre adultas- haciendo trizas el dogma sagrado según el cual nacíamos con todas las neuronas contadas.

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Fallon con su madre

Su vuelco hacia la investigación de las mentes criminales ocurrió por casualidad. “Conozco todas las partes del cerebro”, relata a El País Semanal, “mis colegas y psiquiatras en neurología suelen consultarme para que eche un vistazo a los escáneres cerebrales”. A principios de los noventa, los expertos de Irvine probaban entusiasmados el nuevo escáner de emisión de positrones (TEP), que iluminaba las zonas del cerebro cuando se piensa, se reacciona ante una imagen o un sonido. Fallon atravesaba tranquilamente el campus de su universidad cuando se topó con un equipo SWAT (unidad policial de élite), que custodiaba el centro donde se encontraba la máquina prodigiosa. Al preguntar qué sucedía, los agentes le respondieron que estaban escaneando el cerebro de un asesino en serie. “En eso estaban mis colegas. Se trataba realmente de tipos muy malos”. A Fallon le pidieron ayuda: un vistazo de una placa al año, o tres como mucho. Y aceptó. Sin saberlo, había abierto una nueva puerta para conocerse a sí mismo.

Onoprienko: la bestia de Ucrania. 53 víctimas, incluso algún bebé. 43 muertes en 6 meses.

Hace ahora unos cinco años, la historia dio un giro inesperado, propio de un thriller. Uno de sus colegas le pasó a Fallon de sopetón unos setenta escáneres de asesinos. Se trataba de un material muy valioso, por las dificultades legales para su obtención, y estaba mezclado con otras tantas placas de personas que sufrían esquizofrenia y depresión. Fallon vio en ello una oportunidad única para encontrar patrones cerebrales en un experimento ciego, sin saber quién es quién.

“Lo primero que le dije es que no quería saber a quién pertenecía cada escáner. Había entre cincuenta y cien cortes por cada cerebro, así que me mantuve ocupado un buen tiempo”. Analizando las partes del cerebro que estaban iluminadas o apagadas, Fallon empezó a fascinarse cuando vislumbró un patrón, borroso al principio, que se asociaría de forma implacable con los criminales. Encontró dos zonas singularmente apagadas: la corteza cerebral encima de los ojos, que se encarga de la ética, la moral y la toma de decisiones -lo que se conoce por el córtex orbitofrontal-, y la amígdala, debajo de la corteza, que procesa las emociones, la agresión y la violencia. Los escáneres reflejaban un nuevo retrato robot de tipos que cometían violaciones o asesinatos en serie, personas que tenían dificultades para emocionarse o dejarse impresionar por el sufrimiento ajeno, sin remordimientos. Carecían del freno que impone el lóbulo prefrontal a la hora de controlar los impulsos y decidir si una acción es moral o éticamente aceptable. En todos ellos, los circuitos que conectan los sistemas límbicos -el cerebro emocional del mamífero- con el centro racional del control de decisiones estaban dañados o desconectados.

Garavito. Mató a 172 niños en Colombia.

Fallon empezó a despuntar en el campo de la criminología cerebral, impartiendo conferencias en todo el mundo a partir de estos resultados. Las placas perfilaban una mente psicopática. Sugerían que los cerebros de estos criminales funcionaban de una manera singularmente distinta a los del resto. Al mismo tiempo, estaba involucrado en un ensayo clínico muy ambicioso sobre el mal de alzhéimer. Fallon analizaba placas TEP y de resonancia magnética funcional provenientes de personas sanas con antecedentes familiares, y añadía al conjunto los análisis genéticos en busca de posibles marcadores. El alzhéimer no tiene cura, pero podría anticiparse antes de que aparezcan los síntomas. “El padre de mi mujer acababa de morir de alzhéimer, así que le dije: como parecéis gente normal, podemos meter vuestros escáneres en el estudio. Cuando vinieron los resultados de mi familia, chequeé la pila de escáneres que tenía sobre la mesa y me quedé bastante aliviado, ya que todo el mundo parecía normal. Fui hasta el fondo de la pila y me topé con un escáner que se parecía mucho a los escáneres de los asesinos, que estaban en una pila contigua. Pensé que se habían mezclado por accidente. Pero cuando comprobé el código, descubrí que era el mío. ¿Puedes imaginártelo?“.

Fallon es, hasta la fecha, el único neurocientífico del mundo que tiene la certeza de que su cerebro se parece al de un asesino en serie. Es una oportunidad perfecta para observarse a sí mismo y alumbrar el misterioso mundo de la neurología criminal. Los expertos coinciden en señalar que los psicópatas exhiben una frialdad casi inhumana en su comportamiento. Son incapaces de conmoverse ante las emociones y las desdichas de los demás. Carecen de empatía y no tienen miedo al castigo al ponerse en una situación de riesgo.

H. H. Holmes: el autor de la mansión del horror, donde mató a 200 “huéspedes”. Ahorcado con sólo 35 años.

“Tienen dificultades para percibir por parte de la amígdala las emociones morales, el sentido de la justicia, la piedad y la compasión”, explica Vicente Garrido, profesor de la Universidad de Valencia y un experto en criminología. El psicópata imita en muchas ocasiones emociones que no siente y solo percibe como señales que ha de descifrar -finge estar apenado cuando en realidad no lo está- por culpa de este déficit. Su lóbulo prefrontal, el llamado órgano ejecutivo del cerebro, tiene otro déficit añadido: la amígdala no le avisa de los daños o el sufrimiento que se vaya a causar al tomar una decisión. “Frente a situaciones de miedo y horror, el lóbulo prefrontal del psicópata toma la decisión de mayor beneficio para el sujeto, aun cuando esas decisiones hayan sido castigadas anteriormente. Por eso se dice que los psicópatas no aprenden de la experiencia. Repiten comportamientos que otra persona ya no repetiría. Son egocéntricos y están centrados en sus metas inmediatas, que giran en torno al logro del placer y del control. Ese recuerdo del castigo, del fracaso, no es relevante, porque la amígdala no le ha permitido instalarlo dentro de sus sistema de memoria”.

Dorángel Vargas, el Hannibal Lecter de los Andes: se comió a unas 40 personas.

Garrido describe en su nuevo libro Mentes criminales (Ariel) el perfil de algunos de los psicópatas más célebres por lo terrible de sus actos. Uno de los más horribles fue Anatoli Onoprienko, apodado Terminator o El Diablo de Ucrania, quien llegó a declarar que “era como un robot con impulsos para matar. No siento nada”. Desde enero hasta marzo de 1996, Onoprienko empleó hachas, cuchillos, armas de fuego y martillos para acabar con la vida de 49 personas. Elegía las casas fuera de las ciudades y entraba en ellas aniquilando a todos los miembros de la familia. Acabó con siete de ellas, incluyendo a los niños, sin mostrar ningún tipo de arrepentimiento. Incluso en una ocasión detuvo su coche y se dedicó a matar a los conductores que encontraba a su paso. Pero el psicópata va más allá de un asesinato aislado. No tiene necesariamente que matar. Puede ser alguien deleznable, que explota a los trabajadores, desleal con sus amigos, que arruina la vida emocional de la gente que le rodea. Y por supuesto, convertirse en un violador o en un asesino en serie.

Por ello, el caso de Fallon es fascinante y extraordinario. ¿Podría haberse convertido realmente en un psicópata? Uno no alberga esa impresión, al menos conversando con él a través de la pantalla del ordenador. No siempre se tiene oportunidad de charlar con un científico que estudia a psicópatas y que admite que comparte muchos de sus rasgos cerebrales. “No soy un asesino”, asegura este neurocientífico. En sus charlas, parte de la audiencia suele romper en carcajadas. “Verás que hablo de forma amigable y también muy rápido. La gente dice que soy un tipo simpático. Soy el tío que cae bien a todo el mundo cuando entra en el bar“.

Pero Fallon desliza unas cuantas características personales que incitan a la preocupación. Al descubrir su nueva faceta en la placa cerebral, Fallon conversó con su familia, con sus colegas psiquiatras, con sus amigos, para que le expusieran la imagen que tenían de él. “Mi mujer no está terriblemente contenta con esto”, dice. Y al principio no le gustó lo que escuchó. Un buen amigo suyo le comentó que era alguien que “no tenía escrúpulos”. Con el tiempo, Fallon ha aprendido a verse a sí mismo con cierta distancia, como si fuera un conejillo de Indias, el científico que se explora a sí mismo. “No hago daño a la gente, pero manipulo a las personas. Es casi un reflejo, como un juego. Y soy alguien muy competitivo. No aguanto perder. Tengo que ganar en todo”.

Fallon admite que siente mucha más empatía por los extraños que por las cosas que suceden en su entorno más cercano. Repasa su infancia y el retrato que emerge es el de un chico inestable; al principio, extremadamente religioso y muy moralista, fue nombrado chico católico del año en Nueva York. Cuando iba hacia el autobús escolar desde su casa, se obsesionaba por dejar el camino despejado en un radio de veinte metros recogiendo toda la basura que encontraba. Luego, en la veintena, casi se convirtió al marxismo dentro de su familia. Su madre sufrió unos cuantos abortos antes de concebirlo, y por ello recibió una infancia llena de amor y ternura. Y está convencido de que eso le salvó. “De haber tenido una infancia desgraciada, habría sido un psicópata”, asegura convencido.

“Yo soy el hombre del siglo. Nadie nunca me olvidará…” Mató a más de 300.

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Vicente Garrido distingue entre sociópatas y psicópatas. Los primeros tienen una biografía en la que han sufrido maltratos o abusos sexuales -la infancia opuesta a la de Fallon- y cuando eran niños crecieron en contextos subculturales muy violentos, como mafias y organizaciones criminales. El énfasis lo pone en el ambiente; puede ser un gatillo que acciona un mecanismo y cuando sucede no tiene vuelta atrás. Este profesor español habla de los niños de las favelas brasileñas, que en muchas ocasiones viven rodeados de drogas. No todos se transforman en delincuentes, pero a veces basta con poner una pistola en sus manos. O de los niños soldado de Sierra Leona o Uganda, raptados y sometidos a una tortura psicológica brutal. Terminan convirtiéndose en máquinas de matar.

“El arropiero”: vagabundo español que mató a 22.

“Se trata de una psicopatía adquirida por culpa de factores ambientales muy intensos que marcan la época más vulnerable del desarrollo del niño”. Pero incluso entre esos niños soldados se ha visto que las diferencias individuales cuentan. Algunos pueden ser rehabilitados una vez rescatados de las garras de sus secuestradores. Otros ya tenían una tendencia innata hacia la violencia, por lo que su psicopatía será irreversible. ¿Cuál es la genética implicada? Un mes después de que Jim Fallon encontrara que su escáner cerebral era como el de un asesino en serie, celebró en su casa una fiesta familiar. Su madre, siciliana, tiene ahora 94 años. Le comentó con cierta malicia a Fallon durante aquella celebración que estaba dando charlas por ahí sobre cerebros psicópatas como si él creyese que pertenecía a una familia normal. Y le recomendó que contactara con su primo, que era editor de un periódico de Nueva York y que había descubierto un libro histórico que versaba sobre la familia del padre de Fallon.

Al escarbar en su genealogía, este neurocientífico se quedó estupefacto. Cuando su madre era una niña, sus compañeros solían meterse con ella asegurando que era de la Mafia por haber nacido en Sicilia. Pero el padre y los hermanos de ella eran traficantes de alcohol en Nueva York durante la Gran Depresión. Incluso su madre fue llevada en un camión cargado de dinamita hasta las montañas Catskill, en Nueva York, donde el mafioso Lucky Luciano tenía su casa.

Quizá había otros muchos que se ganaban así la vida en aquellos tiempos, pero resultó que la línea paterna de Fallon estaba salpicada de asesinos. Un antepasado suyo había matado a su madre a hachazos en 1667. “Fue el primer caso de matricidio registrado en las colonias americanas. En el libro se detallan siete asesinos más que estaban entroncados en mi familia”. El último añadido a esta peculiar lista, poco esperanzadora, es una solterona, Lizzy Borden, que presumiblemente mató a su madrastra y a su padre a hachazos en el verano de 1892, en Nueva Inglaterra. Como confiesa este neurocientífico, “sabía que tenía que examinar a fondo mi genética. Toda mi familia tenía una mezcla de genes de bajo y alto riesgo. Pero el problema es que yo tengo cada uno de los alelos genéticos de mayor riesgo. Desde el llamado gen guerrero, y otros que tienen que ver con los receptores de la serotonina y transportadores de la norepirefrina. La verdad es que parece que tendría que estar en prisión“.

Charles Manson. el más famoso. El loco de Los Beatles.

El gen guerrero no es más que un epíteto añadido a un nombre nada exótico para una molécula, la enzima monoaminooxidasa A (en inglés, monoamine oxidase A o MAOA), cuyo quehacer en el cerebro tiene un peso importante: se le ha relacionado con el comportamiento agresivo y violento. Se trata de una proteína cuya función consiste en deshacer los neurotransmisores cerebrales como la dopamina, la serotonina y la norepirefrina. Algunas variantes del gen que segregan cantidades excesivas de la enzima tienen por consecuencia una escasez de estos neurotransmisores, lo que da lugar a depresiones y esquizofrenia. Otras versiones defectuosas de alto riesgo segregan, por el contrario, insuficientes cantidades de la enzima. La consecuencia es una tormenta de neurotransmisores en el cerebro que dispara la agresividad.

El gen MAOA se ubica en el cromosoma X. Al estar ligado al sexo, sus efectos son más patentes en los chicos, que tienen un solo cromosoma X, que en las chicas, que disponen de una pareja y, por tanto, la posibilidad de conservar en el otro cromosoma un gen sano. A principio de los años noventa, los científicos establecieron una conexión entre el comportamiento violento de un grupo de hombres de una familia holandesa y el gen MAOA. Los hombres sufrían un ligero retraso mental, pero eran muy violentos. Dos de ellos eran pirómanos; otro atropelló a un empleado pasándole el coche por encima, y otro, después de violar a su hermana, acuchilló al guardián de una institución mental con un tenedor. En todos los casos, los individuos tenían versiones defectuosas del gen de la monoaminooxidasa.

El gen guerrero ya ha dejado su huella en las decisiones judiciales, especialmente en un caso sórdido ocurrido en Estados Unidos: octubre de 2006. La policía responde a una llamada y acude rápidamente a la caravana de Bardley Waldroup, en las montañas del Estado de Tennessee. Los agentes encuentran un escenario dantesco: restos de sangre por todas partes, en las cortinas, en el suelo, en las paredes, y un machete. Una mujer, Leslie Bradshaw, con la cabeza cortada y ocho disparos a bocajarro. Leslie había pasado el fin de semana fuera con la esposa de Bardley Waldroup y los cuatro hijos de este. El hombre las esperó. Mató a Leslie, la decapitó y cortó un dedo a su mujer, tratando de acuchillarla. Ella habría muerto de no ser por la policía. Las mujeres habían encargado a un amigo que llamase a las autoridades si ellas no telefoneaban en un plazo de tiempo seguro.

Asesino de niños y pirómano. Mató por primera vez a los 10 años.

El fiscal pidió para Waldroup la pena capital. Un análisis genético realizado por el equipo de William Bernet, de la Universidad de Vanderbilt, mostró que Waldroup tenía la versión defectuosa del gen MAOA. En una crónica de la radio nacional pública americana (NPR) sobre el juicio, celebrado tres años después, Bernet dijo de Waldroup que “su constitución genética, junto con el hecho de que sufrió abusos cuando era niño, le hizo más vulnerable a la hora de convertirse en alguien violento”. Los hechos convencieron al jurado, y la sentencia de muerte fue conmutada por una condena de 34 años en prisión. El caso del gen guerrero desató furibundas críticas. El psicólogo Nigel Barber tachó de “ciencia basura” la argumentación genética del equipo de Vanderbilt en un artículo de la revista Psychology Today, añadiendo que a este gen se le ha relacionado con el juego de los casinos, la agresividad, la depresión, y hasta el hecho de “vivir en un tráiler y sufrir abusos sexuales”.

El gen MAOA sigue generando una publicidad que sobrepasa las páginas de las revistas científicas. Kevin Beaver, de la Universidad estatal de Florida, publicó recientemente un estudio que mostraba que era más probable que los miembros de pandillas urbanas que llevan escritos en su cromosoma X las versiones de riesgo tenían una probabilidad más de cuatro veces mayor de usar un arma de fuego. Pero, como critica el escritor científico John Horgan, el 40% de los pandilleros estudiados no llevaba el gen. En un experimento parecido a un juego publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los científicos comprobaron que, de un grupo de 78 individuos sanos, los que decidían castigar de la forma más agresiva a un internauta que les estaba robando dinero (sin que supieran que se trataba de un ordenador) eran porteadores del gen.

Las estadísticas siguen atizando el fuego. Otro informe publicado en la revista New Zealand Medical Journal sugiere que la forma defectuosa del gen MAOA es más frecuente en los feroces maoríes australianos (un 56%) que en los caucasianos (34%) y los hispanos (27%). El acervo genético de los africanos (59%) y los chinos (77%) sugiere que son más violentos. Con la salvedad de que se trata de trabajos que examinan a un número muy reducido de individuos.

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Ted Bundy, el seductor. 38 mujeres muertas. Ejecutado en la silla eléctrica.

Y estos porcentajes no se corresponden bien con las tasas registradas de homicidios anuales según los países. En 2010, Honduras y El Salvador, ambos de habla hispana, se colocaron en primer y segundo lugar (con una tasa de 78 y 66 homicidios, respectivamente, por cada 100.000 habitantes), siendo los más peligrosos del mundo. China tiene una de las tasas más bajas (1,12), y España figura en uno de los últimos lugares (0,87). Estados Unidos figura en el puesto número 34, a pesar de que probablemente la sociedad americana es la que produce más psicópatas en el mundo. Resulta imposible determinar un número siquiera aproximado de asesinos en serie que operan en Estados Unidos. Garrido señala que los criminólogos James Fox y Jack Levin han identificado 558 asesinos en serie en ese país desde 1900. Estos expertos sugieren que quizá hay ahora activos unos 150 de estos depredadores humanos, aunque el número de los que han sido identificados se ha incrementado de una manera espectacular desde los años setenta del pasado siglo.

La genética, pues, no lo explica todo. Jim Fallon admite que llevar escritos en su ADN las formas más peligrosas del gen MAOA le ha hecho recapacitar sobre la influencia real de los genes en el comportamiento humano. “Hace dos años era una especie de radical genético”, confiesa. “Daba un poco de vergüenza leer mis trabajos”. Fallon creía que el peso de los genes en la conducta suponía el 85%. Ahora está convencido de que, pese a tener los peores genes, eso no significa que su destino vaya a estar escrito de antemano.

“El número de psicópatas parece que es estable desde el punto de vista cultural, aparece en todas las culturas y en números muy bajos”. Las costumbres sociales son un buen freno y mantienen la influencia genética a raya. Este neuroanatomista ha viajado a lugares como Marruecos, estudiando el comportamiento de las tribus nómadas, los beduinos y bereberes. Los análisis genéticos muestran que el gen MAOA aparece con la misma frecuencia que en los europeos e italianos. Pero estas tribus, asegura, han desarrollado sistemas sociales que han extirpado la cultura de los asesinatos. “Entre tribus no pueden recordar un asesinato en doscientos años, lo que es notable”. Una pelea entre dos tipos suele durar algunos minutos y luego se decide en un consejo de sabios.

Fallon estima que hay unos cincuenta genes asociados a la agresión y a la violencia, y que, en muchos casos, estos genes se concentran en determinadas estructuras étnicas, como en Bosnia, Gaza o Los Ángeles, en piscinas genéticas que facilitan su trasiego a las generaciones posteriores, en lo que llama violencia transgeneracional. Fallon explica estos conceptos en los festivales de ciencia y es recibido como una estrella mediática. Colabora en el mundo del espectáculo realizando programas divulgativos sobre criminales, genética y cerebro. En uno de ellos involucró a directores de terror como Eli Roth para comprobar, mediante su análisis genético y la exploración cerebral, si el creador de cintas de tortura gore como Hostel esconde algún aspecto psicopático. Por lo visto, Roth no se parece nada a Fallon. Es un tipo muy simpático, y en sus escáneres cerebrales se iluminan las zonas de empatía.

Los antiguos rasgos físicos que los anatomistas del siglo XIX creían ver en los criminales quedaron obsoletos. “Por entonces existía un gran entusiasmo en encontrar personas que no estaban adaptadas ni evolucionadas, pero no se tenía la perspectiva de que lo que funcionaba mal era el cerebro”, explica Vicente Garrido.

Los genes equivocados mezclados con un ambiente negativo producen un cóctel explosivo, pero incluso bajo los peores escenarios la biología puede salir triunfante en personas que demostraron una construcción moral intachable, capaces de resistirse a cometer atrocidades bajo regímenes de terror como el de Hitler. Garrido indica algunos estudios fascinantes realizados en soldados alemanes que se negaron a cumplir las órdenes de disparar contra judíos, gitanos y homosexuales durante la Segunda Guerra Mundial, a riesgo de verse expulsados o de perder la vida. Estas situaciones contradictorias muestran que los científicos están aún muy lejos de desentrañar los mecanismos que operan detrás del comportamiento humano.

La sociedad utópica del mundo feliz de Aldous Huxley se basaba en un férreo determinismo genético, por el que se podría controlar y dirigir la vida de una persona desde el mismo embrión. Pero en el futuro, dice Garrido, no encontraremos una píldora capaz de curar a un psicópata. En el mejor de los casos, una sociedad avanzada que ponga en marcha sistemas de detección para descubrir niños que con ocho o nueve años ya se comportan de manera cruel, y tratar su déficit emocional.

Fallon, por su parte, es consciente de que tuvo mucha suerte en su infancia. “Si te topas con un asesino en serie o un violador, ya no hay nada que puedas hacer al respecto. La gente trata de rehabilitarlos, pero la rehabilitación nunca funciona. Es un concepto romántico sostenido por algunos de que se puede dar la vuelta a este asunto”. La genética del futuro podría extraer una información relevante sobre un muchacho acerca de sus posibilidades de convertirse en psicópata, pero esos datos deben quedar en privado, constata este experto. “Estoy en contra del uso de esta información, excepto si lo hace la familia”.

Hannibal Lecter, el icono del cine.

Hannibal Lecter, el icono del cine.

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Dejo aquí unos apuntes para la PAU de Madrid:

       René Descartes

14/12/2011 | lainformacion.com

(Artículo publicado en lainformacion.com el 14/12/2011. Aprovecho para recomendar el blog del responsable de la sección de ciencia de este periódico digital, Antonio Martínez Ron: Fogonazos, ganador del premio Bitácoras 2011 al mejor blog de ciencia del año 2011):

El anuncio de los científicos del CERN de que la confirmación de la existencia del bosón de Higgs es inminente ha reavivado el interés por la famosa partícula. Pero, ¿sabemos realmente qué están buscando los físicos en el LHC? Para aclararnos, recopilamos algunas de las mejores explicaciones que es posible encontrar en la red.

Científicos de los detectores CMS y ATLAS, del Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN), presentaron este martes los resultados obtenidos este año y aseguraron que la búsqueda del bosón de Higgs quedará resulta como muy tarde en 2012.

El físico británico Peter Ware Higgs formuló en 1964 el llamado “bosón de Higgs”, que establece que existe una partícula desconocida que explicaría el funcionamiento sobre el que se basa la actual física. A continuación, recopilamos algunas explicaciones muy sencillas y visuales para entender qué es la famosa partícula y que están buscando los físicos del CERN:

1. El bosón de Higgs para dummies (Redes-TVE)

Una explicación sencilla en la que el propio bosón de Higgs, encarnado por un actor, nos cuenta sus peripecias.


2. ¿Qué es el bosón de Higgs? (Fermilab)

Esta explicación del otro gran laboratorio de partículas, el estadounidense Fermilab, aclara conceptos básicos como el “campo de Higgs” y la naturaleza del universo que nuestros aparatos de medición aún no han detectado:


3. La búsqueda del bosón de Higgs (Francis Villatoro, Amazings2011)

El matemático Francisco Villatoro (que tiene un blog estupendo: Francis (th)E mule Sciencie) realizó un experimento mental durante las conferencias Amazings 2011 para conseguir que los espectadores comprendieran mejor cuál es la búsqueda:

(Pinchar sobre la imagen)

4. Wonders of the Universe (Brian Cox, BBC)

El físico británico Brian Cox explica en su serie “Maravillas del Universo” qué investigaciones se llevan a cabo en el LHC y qué pasaría de confirmarse que el bosón de Higgs no existe:


5. ¿Qué es el LHC? (Informe Semanal, TVE)


6. El origen de las cosas (Mario Benedetti, TEDxBuenos Aires)

Una explicación más larga y sosegada sobre la física de opartículas a cargo del investigador argentino Mario Benedetti (no es el famoso escritor). Para ver con tiempo:

Merece la pena leer también el artículo “El vacío y la nada”, de Álvaro de Rújula, y echar un ojo a este otro post:   Más sobre el LHC (Entrevista a Álvaro de Rújula).

What a wonderful world:

Unos vídeos para echar el rato. Nada más:

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Homeopatía y vudú:

Escribía J. G. Frazer, en La Rama Dorada, (1890):

“Es conveniente poner en forma de cuadro las ramas de la magia, según las leyes del pensamiento que las animan, en esta forma:

MAGIA SIMPATÉTICA (Ley de la simpatía):

1.- MAGIA HOMEOPÁTICA: (Ley de semejanza)

2.- MAGIA CONTAMINANTE: (Ley de contacto)”.

Al respecto, dice: “Ambas líneas de pensamiento son de hecho extremadamente sencillas, elementales, y con dificultad podrían ser de otra manera siendo tan familiares en lo concreto, aunque no ciertamente en lo abstracto, no tan sólo para la inteligencia ruda del salvaje, sino también para la gente ignorante y estúpida de todas partes”.

El libro pasa a ser a continuación una recopilación cientos de mitos y rituales que se basan en la idea fundamental de la magia: lo semejante conoce lo semejante y actúa en lo semejante.

Samuel Hahnemann

Y esta es la idea que fundamenta la Homeopatía , la idea que mueve a  Hahneman a buscar una medicina alternativa a la que él mismo define como alopática. Puede llegar a ser comprensible en la época en la que vive, donde una medicina todavía en pañales hacía muchas veces más mal que bien. Pero ha pasado siglo y medio, y las cosas han cambiado demasiado como para seguir haciendo magia, y defendiéndolo.

Aquella fue una época de fascinación por todo lo oriental y lo misterioso, de una fascinación por lo natural y lo antimoderno. Casi siempre una fascinación mal entendida, como ya mostrara Edward Said en su genial obra Orientalismo, de 1978. Prejuicios y mito del “buen salvaje”, tan típicos de la época y tan de moda en las frecuentemente aburridas clases medias del siglo XIX, tan dadas a la melancolía o spleen. No hay que olvidar que también es la época del espiritismo y la frenología, entre otros disparates.

Pero resulta que de nuevo está de moda. Parece muy snob la New Age, pero más bien se trata de una pseudoespiritualidad muy unida al consumo, una religión de supermercado más, como ya tratara Gilles Lipovetsky enLa era del vacío, de 1983,  al tratar los valores de la postmodernidad. Se ha desatado toda un pasión por aquellos medicamentos que no tienen efectos secundarios -como tampoco primarios– y que se apoyan en aquello de que “lo semejante cura lo semejante”, basados en ideas mágicas, que no científicas, como la memoria del agua. Placebos que sólo sirven para apuntalar una filosofía de vida… ¿qué tendrá que ver una disolución de, por ejemplo, ácido sulfúrico, con mi vida? Qué jaleo.

Para tener una filosofía de vida primero hay que vivir, y gracias a la actual medicina hemos duplicado nuestra esperanza de vida. Aquellos que utilizaban remedios florales, como en la prehistoria, vivían la mitad de tiempo y la mortalidad infantil era terrible. Si utilizaban remedios es porque no tenían una medicina como la actual. No caigamos en “orientalismos”, algunos se cargan los tigres por comerciar pseudomedicamentos para potenciar la virilidad.

Yo, entre vivir más y defender una disolución de cebolla contra el resfriado, elijo lo primero. Pero el problema es que estas magias baratas se van abriendo paso y parece que se merecen un respeto… y un dinero. De mi dinero y del de todos, cuando podría invertirse en otros asuntos, aunque éste es otro tema.

A ver si nos aclaramos: si la homeopatía funciona, hagamos vudú. Incluso en los hopitales: Unidad del Mal de Ojo. Por favor…

Al final, toda pseudociencia no es más que una pseudorreligión que se apropia de términos de las diferentes ciencias y religiones… un caos caprichoso y banal, como toda la Nueva Era. Dejo aquí una cita del muy recomendable libro Mala ciencia, de Ben Goldacre, médico y periodista inglés:

“Baste decir que, aun cuando sea concebible cierta utilidad para un placebo ético, los homeópatas -como mínimo- han demostrado con creces que carecen de la madurez y de la profesionalidad necesarias para proporcionarlo”.

Dejo un enlace, ¿Qué es la homeopatía?, donde se explica bastante bien.

Pero, qué mejor que unos vídeos graciosos y bastante claros:

Versión de House homeopático:

Aquí, un suicidio homeopático:

Y este monólogo de Tim Minchin, bastante bueno:

Y, añadir este genial post aparecido en Wis Phisics: Cristaloterapia: ¿curan los minerales?

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Y, para terminar, las declaraciones de la directora general de Boiron, asumiendo que “no saben cómo funciona la homeopatía”Pues como el vudú: placebo, sugestión. (Pincha en la imagen para ver la noticia):

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Un caso reciente: mujer de 35 años, dos hijos e hipoteca. Va ser despedida. ¿Por qué? Porque mandan su trabajo a Ecuador y Argentina. ¿Por qué ella? Porque ha faltado al trabajo en los últimos años por bajas maternales: no es “productiva”… laboralmente, claro.

El caso es que la empresa es una subcontrata de otra empresa que es, a su vez, subcontratada por diferentes bancos. Ahora, a por la tercera subcontratación (ésto parece “la parte contratante…” de los hemanos Marx), pero allá en latinoamérica.  ¿Cuánto pagará el banco por cada trabajador contratado? Quizá menos de lo que pagaría por un trabajador propio, pero ahorrándose el “mantenimiento” y el despido. Ganan los intermediarios, que comercian con los recursos humanos (qué fea palabra, por dios).

El trabajo lo están empezando a llevar a cabo unas chiquillas que apenas controlan los programas por unos trescientos y pico euros al mes, y tan felices. Ésto de que no controlan los programas es real, y puede que cualquiera que cambie su cuenta bancaria se encuentre con que le corten la luz o el teléfono debido a un error que se produjo nadie sabe dónde. ¿A quién reclamar? Eso no importa. Al menos no le importa a la empresa que deslocaliza, baja salarios y sigue ganando.

Lo curioso, y sorprendente, es que esta mujer cobrará ahora lo mismo con el paro que con el trabajo durante dos años. ¿Que sólo son dos años? Vale, ojalá  pudieran decir muchos lo mismo que firman nuevos contratos. Así hay algunos que reclaman acabar paulatinamente con la prestación de desempleo o reducir las cantidades. Quizá hubiera, mejor, que revisar los salarios y eliminar tanto “intermediario”. Ahora comprará coche de segunda mano, no cambiará de piso aunque estén apretados ni tendrán otro hijo, quedándose en esos dos que, como sabemos, representan “crecimiento cero” de la población, los pobrecicos. Así es la vida y así parece que la queremos.

Aún algún imbécil dice que la receta es “trabajar más por menos”, pero ya sabemos que en este país -y, por desgracia, en muchos otros- cualquier cretino sin apenas saber escribir puede ser alcalde, presidente de la CEOE o ministro. Como decía el Conde de Romanones: Joder, qué tropa.

Vale. Pero que ésto ocurriría es algo que todos sabíamos. Que levante la mano el que no escuchara hablar de la “burbuja inmobiliaria” y demás. Aquí el que más y el que menos ha cometido pecado de acción o de omisión. Todos sabíamos que el alcalde ganaba demasiado y que los precios alcanzaban cifras ridículas, absurdas. Ya advirtieron algunos, como el economista inglés John Gray, que incluso advertía que si la cosa era así era porque la población lo admitía… y lo valoraba. Todos queríamos el pelotazo. Pues aquí está, en toda la boca.

Mención especial merece el sociólogo norteamericano Richard Sennett, cuyo libro La corrosión del carácter. Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo, hacía un análisis del deterioro de la vida personal, del proyecto de vida de cada uno, debido a este sistema económico donde lo personal y el mérito ya no pintan nada. Lo curioso es que comience hablando del carácter en el sentido de Aristóteles, en tanto que experiencia de toda una vida en la que cada cual busca la felicidad sacando lo mejor de sí mismo y, por tanto y según Aristóteles, para los demás. Un sistema el nuestro que parece empecinado en impedir la felicidad de todo aquel que está en él. Y es inevitable, es su naturaleza, el trabajar con “recursos humanos”: esto es, sin dignidad alguna, en el sentido kantiano.

Ya decía Aristóteles que un Estado debía procurar la felicidad de sus habitantes mediante la aplicación de la justicia: dando una igualdad de oportunidades y punto de partida y, después, a cada cual según sus méritos, sobre todo hacia el bien de la comunidad. En el caso de  la democracia, si ésto no se cumplía, el espectro de la tiranía rondaría cerca. Y ésto hace 2500 años. Si hoy hay una tiranía, es de una nueva naturaleza, inmaterial y tan fuerte: el mercado absoluto.

Bueno, pues si alguien plasmó por escrito la naturaleza de esta estafa y la debacle que vendría, ése fue Pérez-Reverte ¡hace doce años! Merece la pena leerlo, pues parece escrito ayer. Chapeau, señor Arturo:

Los Amos del Mundo , de Arturo Pérez-Reverte
(‘El Semanal’ el 15 -11- 1998).

“Usted no lo sabe, pero depende de ellos. Usted no los conoce ni se los cruzará en su vida, pero esos hijos de la gran puta tienen en las manos, en la agenda electrónica, en la tecla intro del computador, su futuro y el de sus hijos.

Usted no sabe qué cara tienen, pero son ellos quienes lo van a mandar al paro en nombre de un tres punto siete, o un índice de probabilidad del cero coma cero cuatro.
Usted no tiene nada que ver con esos fulanos porque es empleado de una ferretería o cajera de Pryca, y ellos estudiaron en Harvard e hicieron un máster en Tokio, o al revés, van por las mañanas a la Bolsa de Madrid o a la de Wall Street , y dicen en inglés cosas como long-term capital management, y hablan de fondos de alto riesgo, de acuerdos multilaterales de inversión y de neoliberalismo económico salvaje, como quien comenta el partido del domingo.

Usted no los conoce ni en pintura, pero esos conductores suicidas que circulan a doscientos por hora en un furgón cargado de dinero van a atropellarlo el día menos pensado, y ni siquiera le quedará el consuelo de ir en la silla de ruedas con una recortada a volarles los huevos, porque no tienen rostro público, pese a ser reputados analistas, tiburones de las finanzas, prestigiosos expertos en el dinero de otros. Tan expertos que siempre terminan por hacerlo suyo. Porque siempre ganan ellos, cuando ganan; y nunca pierden ellos, cuando pierden.

No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro.

Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia.

Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados.

Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.

Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad.

Y entonces todo el tinglado se va a tomar por el saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, ¡oh, prodigio!, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no.

Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recaen directamente sobre las espaldas de todos nosotros.

Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia y con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda.. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros, y a veces con su puesto de trabajo, Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.

Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena.

Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza”.

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